Siempre que hacía una travesura y no contaba la verdad, mi abuela me advertía:

– Nacho, la mentira tiene patas cortas.

Tanto lo decía que terminó por convencerme y, desde entonces, no les creo nada a los bebés ni a las personas bajitas.

Hace poco un compañero llevó al colegio una lapicera buenísima. Tenía como 20 colores: verde, azul, rojo, amarillo, bordó, celeste y un montón más. Solo le faltaba el blanco.

Me dijo que se la habían regalado para el cumpleaños, pero yo desconfié.

Le miré las piernas y noté, con asombro, que eran más cortas que las mías. Entonces, le quité la lapicera de las manos y me fui corriendo a toda velocidad a ver a la directora.

Golpeé la puerta de su despacho hasta que abrió y entré de un salto. Le pedí que cerrara.

– ¿Qué pasa, Nacho? ¿Qué pasa? –preguntó asustada la directora.

– Pasa que un compañero, que todavía no sé cómo se llama porque es nuevo, se robó una lapicera muy cara. ¡Tiene como 20 colores la lapicera! Solo le falta el blanco –respondí agitado.

– ¿Y vos cómo sabés eso?

– Porque me fijé y no tiene el blanco. Si quiere, la pruebo en un papel y le digo exactamente qué colores tiene, pero le repito: son como 20.

– No, Nacho. Te pregunto cómo sabés que se robó la lapicera.

– Ahhh…

Miré para los costados para verificar que no hubiese nadie más en el despacho de la directora y le indiqué con la mano que se acercara. Ella se inclinó y le dije al oído:

– Porque la mentira tiene patas cortas.

De inmediato, levanté la voz y exclamé indignado:

– ¿¡Acaso usted no lo sabe!?

¡Pobre! ¡Casi la dejo sorda!

– ¿De quién es la lapicera, Nacho? –me preguntó la directora, algo molesta con la situación.

– ¡Eso es justamente lo que quiero averiguar! –le contesté-. ¡A quién se la robó ese sinvergüenza!

– ¿¡Otra vez, Nacho!? Te estoy preguntando a quién le quitaste vos la lapicera.

– Ahhh… ¿No le dije que es un compañero nuevo y que no sé el nombre?

Volví a indicarle con la mano que se acercara y le susurré:

– Lo que sí sé es que tiene las patas cor…

En el preciso momento en que iba a decir “tas”, alguien golpeó la puerta del despacho con la misma insistencia que lo había hecho yo.

Tan rápido como pude, me escondí detrás de una silla y, desde ahí, vi entrar al misterioso nuevo alumno, que para mi sorpresa se llamaba Ignacio, igual que yo.

– Hola, Nacho –dijo la directora.

– ¡Señora directora, un nene me robó la lapicera de todos los colores!

– ¡Miente! –dije con voz aguda para que no me reconociera ni descubriera mi escondite. Y agregué: -Además no tiene todos los colores. Le falta el blanco.

– El blanco no es un color. Es la superposición de todos los colores –respondió él como si supiera del tema. Me dejó mudo.

No pasaron dos segundos que el Nacho nuevo estaba tocándome el hombro bien fuerte con su dedo índice. ¡Oh, no! ¡Había descubierto mi escondite!

Trató de quitarme la lapicera. Forcejeamos al grito de “¡Es mía! ¡Es mía!” hasta que la directora la tomó con firmeza y la levantó muy alto, tanto que ambos quedamos pataleando en el aire, aferrados con nuestras manos a la lapicera como un perro que no suelta la media que le robó a su dueño.

En ese momento, la directora dijo:

– Ahora resulta que los dos tienen las patas cortas y no llegan al suelo.

– ¡Es cierto! –exclamé y solté la lapicera. ¡Por eso es que a veces miento!

La directora sonrió.

– ¡Ay, Nacho! Cuando uno dice que la mentira tiene patas cortas, se refiere a que no se puede llegar muy lejos mintiendo, que en algún momento se sabrá la verdad. No quiere decir que las personas bajas sean mentirosas. Mucho menos, los chicos.

– Ahhh –dijimos nosotros a coro.

– Pero no se preocupen. No importa que alguno haya mentido. Lo que importa es que desde ahora sean amigos.

Nos fuimos contentos caminando hacia el aula. Le pregunté a mi nuevo amigo si me prestaba la lapicera en el recreo, pero me dijo que no la tenía…

Miramos para atrás. La directora ya no estaba. Había cerrado la puerta con llave y de su despacho salían carcajadas.

– Che, Nacho –me dijo él-: ¿No será que la mentira tiene patas largas?

Autor: Darío Nudler. Todos los derechos reservados.

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